APROXIMACIÓN A LA HISTORIA DE BIESCAS

 Los testimonios más antiguos de la presencia humana en Biescas, sin duda alguna, son las cistas dolménicas eneolíticas de la explanada de Santa Engracia. Pueden remontarse incluso más allá del III Milenio a. C. y fueron estudiadas en su día por Almagro. Los materiales resultantes de la excavación, aunque muy bien conocidos, desde hace décadas se encuentran en paradero desconocido. Una de ellas, la que puede verse hoy, fue reconstruida.

 Del paso de los romanos, que no de su presencia fija, hay numerosos vestigios que van desde los restos del camino o calzada que se internaba por el Valle de Tena hasta advocaciones religiosas tan elocuentes como Santa Elena Emperatriz o Santa Engracia de Zaragoza, amén de algunos topónimos de la zona.

 Y ya que hablamos de toponimia, diremos que el topónimo BIESCAS debe provenir del vocablo preindoeuropeo bizka (altozano, colina), como tantos otros similares y cercanos geográficamente (Bescansa, Bescós, Biscarrués, Viscasillas, Vizcarra…). Desechamos categóricamente, como es norma en toponimia, otras interpretaciones primarias y fáciles al uso en otras épocas y defendidas por autores diversos.

 Pero será en la Plena Edad Media, a la par que los habitantes de estas tierras abandonaban la primitiva lengua pirenaica preindoeuropea y adoptaban el nuevo romance aragonés, cuando Biescas, dada su situación geográfica de cruce de caminos y su importancia estratégica, empezará a formarse como tal y a definirse de cara al futuro.
Aunque hay documentos de los siglos IX y X donde aparecen los nombres de Biascas o Biascasa, sin embargo parece que habría que asignarlos más al homónimo ribagorzano de Biescas de Campo, llamado también Biescas de Obarra, que a la villa levantada a orillas del Gállego. Aun hoy hay confusiones con el correo. Antonio UBIETO, en su “Historia de Aragón. Los Pueblos y los Despoblados I” (ANUBAR, Zaragoza, 1984) nos dice que la primera vez que Biescas aparece mencionada en la historia es en el Cartulario de San Juan de la Peña, entre 1020 y 1030. En 1391 aparece como Biescas Sobirón.

 En la Edad Media, su castillo miraba hacia el Sur. El enemigo venía de aguas abajo. Desde siempre fue villa de realengo. En lo eclesiástico, siempre hubo dos parroquias, exactamente igual que hoy,  San Salvador y San Pedro, ambas de origen medieval. Se tiene noticia de dos templos más, San Torcuato (vulgo San Turcaz) y San Esteban. Quedan dos ermitas, Santa Elena y la Virgen de la Collada. La primera fue “reconstruida” en 1253 por Jaime I el Conquistador y dotada con privilegios por Fernando el Católico en 1484 y por Carlos I en 1525. La otra, también hunde sus raíces en tiempos medievales, aunque sus restos arquitectónicos sean posteriores. Sabemos, además, de la existencia de las ermitas de San Jaime, San Martín y San Mamés, en la parroquia de San Pedro. En 1484 hubo un deslindamiento de tierras entre Biescas y Gavín y en 1545 se fijan los límites con el Quiñón de Panticosa en el barranco del Espumoso.

 Pero en el siglo XVI las tornas habían cambiado. El enemigo ya no estaba al Sur sino aguas arriba. Felipe II manda fortificar el Estrecho de Santa Elena para proteger sus reinos de las amenazas ultra pirenaicas. En la vecina ciudad de Jaca mandó levantar la Ciudadela, amén de otras defensas aún visibles en los valles del Aragón y del Ara. Así las cosas, los días 6 y 7 de febrero de 1592, ochocientos bearneses invaden y ocupan durante once días Biescas y el Valle de Tena, siendo al fin derrotados en  el todavía hoy llamado Barranco des Luterians.

Durante la Guerra de la independencia, afortunadamente Biescas ocupa un discreto puesto, siempre en relación directa con la plaza de Jaca y su guarnición de la ciudadela, pues los mayores movimientos bélicos ocurrieron en las zonas adyacentes a la villa. Son destacables la presencia del general Perena, así como la de los jefes guerrilleros Renovales y  Sarasa.

 La evolución de la población es la siguiente (los fuegos, casas y vecinos, pueden multiplicarse por 4´5 para traducirlos a personas):

• 1488: 50 fuegos.
• 1543: 55 fuegos.
• 1646: 56 fuegos.
• 1711: 119 vecinos.
• 1797: 146 vecinos.
• 1845: 180 casas.
• 1857: 1285 habitantes.
• 1931: 1750 habitantes.
• 1970: 979 habitantes.
• 2005: 1100 habitantes.

  El ministro isabelino Pascual Madoz, en su Diccionario, compuesto hacia 1845, nos da el siguiente apunte sobre la economía de la villa, sus comunicaciones y la ocupación sectorial de la población:
 
El TERRENO es áspero en su totalidad. Abraza unas 2118 cahizadas de tierra, de las que tan solo se cultivan 118, que todas pertenecen a la tercera suerte. Sus principales montes situados al N y NO de la población se hallan poblados de pinos, hayas, robles y espesos matorrales de boj y otros arbustos, y parte de ellos que carece de arbolado, cubierto de deliciosas praderas. La atraviesa, como hemos dicho el referido río Gállego, que corre de N a S, aumentando sus aguas en este término con las de otros ríos y arroyos, entre los cuales merecen particular atención el Arás, que se le reúne a ¼  hacia la parte del S. y el Sía, que lo hace en la parte opuesta. Las tierras que se fertilizan son muy pocas, porque la escabrosidad del terreno no es susceptible de este beneficio. CAMINOS: Cruza el término el que desde Huesca conduce a Francia. Los demás son locales y todos se hallan en mal estado. CORREOS: Se reciben de Jaca por el valijero los miércoles y sábados a las 9 de la mañana y salen los lunes y los viernes a la misma hora. PRODUCCIÓN: Poco, pero exquisito trigo y centeno, patatas, legumbres y hierbas de pasto. Cría ganado vacuno, algún lanar y mular, mucha caza mayor como cabras monteses, lobos, osos y zorras, etc. perdices y liebres y pesca de delicadas truchas. INDUSTRIA: Algunos vecinos se dedican a la fabricación de tejidos de lana, para lo que hay 4 batanes, pero se halla en estado muy decadente. COMERCIO: Consiste en la exportación de bayetas y estameñas y alguna de las legumbres, particularmente judías, e importación de vino, aceite y granos.

Mucho más explícito es un Nomenclátor de la Provincia de Huesca, fechado en 1930. Primero nos dice que en Biescas el Ayuntamiento estaba formado por el Alcalde, Secretario, Juez Municipal, Fiscal Municipal y su Secretario correspondiente. Había además cuatro Maestros Nacionales, un Jefe de Correos, otro de Teléfonos y Telégrafos y dos Curas Párrocos, uno para cada parroquia. Luego registra minuciosamente todos los medios de producción, los servicios y los oficios de la villa: cinco abacerías o tiendas de comestibles, veinte albañiles, dos fábricas de aserrar, dos empresas de automóviles con servicio de viajeros a Jaca, Sabiñánigo y Sallent, un taller mecánico, dos empresas de transportes, un banco, tres barberías, dos bares, una cantera de caliza, cuatro carnicerías, siete carpinterías, un constructor de carros, un cinematógrafo, una comadrona, dos confiterías, cuatro fábricas de electricidad, dos estancos, una farmacia, dos ferreterías, dos fondas,  seis ganaderos mulares, otros seis de vacuno (se entiende importantes), dos guarnicioneros, un molino harinero, dos herradores, seis herrerías, un hojalatero, un tratante de huevos, cuatro almacenes de maderas, dos médicos, dos modistas, dos hornos de pan, cinco panaderías, dos paradas de sementales, tres comerciantes de patatas, dos peleteros, cuatro posadas, un practicante, dos resineros, una fábrica de quesos, una quincallería, tres sastrerías, un par de casinos, cuatro tabernas, seis comercios de tejidos, una tintorería y tres zapaterías.

La Guerra Civil Española fue, sin duda alguna, la mayor catástrofe que ha podido contemplar y padecer la villa de Biescas a lo largo de su historia. Los diversos avatares acaecidos durante aquellos años no aportaron más que la destrucción general de la población, el éxodo de muchos de sus hijos y las consecuencias post bélicas consabidas en uno y otro bando. El caso es que después de 1939, poco a poco, el pueblo se fue rehaciendo. Se reconstruyeron los edificios, retornaron algunos de los que se fueron y la vida volvió a palpitar. Los tres pilares de la economía fueron los mismos de antes: la ganadería, más que la agricultura, los servicios y la hidroelectricidad.

El actual Término Municipal de Biescas se configuró en la década de los 60 del siglo XX con la anexión de Barbenuta, Escuer, Gavín, Oliván y Sobremonte y en la de los 70 con la de Piedrafita de Jaca tras la construcción del  pantano de Búbal.

Los años 60 vieron el arranque tímido pero inexorable del fenómeno del turismo, tal como lo entendemos hoy, mucho más de verano que de invierno, sobre todo por parte de zaragozanos, aunque no será hasta casi treinta años más tarde cuando el boom turístico e inmobiliario, general a esta zona del Pirineo, cambie sustancialmente la fisonomía de la villa.

Sin duda alguna, el hecho más destacable de toda la segunda mitad del siglo XX, que ninguna historia futura de la villa podrá silenciar, fue la catástrofe del Camping Las Nieves, sucedida el 7 de agosto de 1996, en la que murieron ochenta y seis personas.

Los usos y oficios tradicionales, aunque nos empeñemos en mostrarlos en la Feria de Otoño, están, si no a punto de morir, por lo menos en una rampa final de la que no se sabe muy bien la salida real. El futuro inmediato, como meta del presente, pasa necesariamente por el turismo y los servicios.

Ricardo Mur Saura

Fotografías recopiladas y cedidas por  Jesús Escartín del libro "Biescas no tan lejana"